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La crisis financiera mundial ha dejado –y está dejando– datos devastadores para las pequeñas y medianas empresas. Desde 2012, más de 500.000 pymes se han visto obligadas a echar el cierre por no encontrar respaldo financiero.

“Nadie comprendió que esas pymes eran viables con una financiación a largo plazo”, denuncia José Rolando Álvarez, presidente de SGR Cesgar (la patronal de las sociedades de garantía). “Es cierto que ahora los bancos quieren dar crédito. Ejemplo de ello es el crecimiento de entorno al 15% del crédito durante 2015, pero es igual de cierto que ha sido distribuido de forma injusta”, afirma Rolando Álvarez.

“Nosotros cubrimos una falla de mercado; cuando los bancos no dan crédito porque consideran que no es rentable, nosotros lo damos y el Estado debe colaborar”, requiere el presidente. Según cálculos de Cesgar, una empresa se mantiene abierta con una financiación de 80.000 euros. “España [la Administración] se puede permitir ese coste de financiación y lo único que las empresas necesitan es que los plazos de pago se amplíen”, esclarece.

Pero ¿cómo conseguir financiación a través de una sociedad de garantía? Lo primero es entender qué son y cómo funcionan. Las SGR trabajan como intermediarias entre pymes y entidades de crédito, proporcionando avales con los que conseguir financiación para proyectos –considerados, en algunas ocasiones, de alto riesgo para las entidades– en unas condiciones, en principio, más ventajosas, tanto en términos de tipos de interés como de plazos.

“Parte de nuestra labor es la de llegar a acuerdos con las entidades financieras para conseguir cláusulas más ventajosas. Hay que tener en cuenta que al conceder el crédito a través de una sociedad de garantía el banco se asegura sí o sí que va a cobrarlo, por lo que les interesa llegar a acuerdos”, apuntan desde la patronal. En 2015, el crédito a pymes fue aproximadamente un 1,5% más barato con el aval de las SGR.

Para conseguir un crédito a través de cualquiera de las 20 sociedades de garantía que existen en España (en su mayoría de carácter territorial) es necesario ser socio de cualquiera de ellas. El primer paso para obtenerlo es presentar un proyecto que debe ser calificado como viable por parte de la sociedad.

“Los comités encargados de examinar los proyectos están formados por empresarios, por lo que, de entrada, ya somos más proclives a encarar el riesgo que los bancos. Contamos con el reaval de la compañía pública Cersa, por ello somos cuidadosos en decidir si avalamos o no a una empresa”, recuerda José Rolando Álvarez.

El segundo paso es pagar una cuota social, que varía dependiendo de la sociedad, desde un euro hasta los 400 euros, aunque hay que tener en cuenta que al haber otro tipo de pagos e intereses a lo largo del proceso, al final se terminan compensando los precios. Esta cuota es recuperable tras la amortización del préstamo, pero muchas empresas, señalan en Cesgar, deciden no recuperarlo por considerar que ese carácter mutualista de las SGR les ha beneficiado previamente a ellos.

El tercer y último paso es la presentación de la documentación necesaria acreditativa de la actividad a la que se va a destinar el capital solicitado y cuanta información sea necesaria para la realización del debido análisis de riesgo.

Hay que tener en cuenta que los préstamos avalados por sociedades de garantía conllevan una serie de pagos que se diferencian en comisiones de aval y de estudio. En las primeras, el tipo de interés varía según el tipo de aval.

Si son técnicos (aquellos que se otorgan para avalar servicios públicos), la media se sitúa entre el 0,25% y el 1,5%, según la sociedad, a calcular sobre la financiación total, y si son avales financieros, entre el 0,25% y el 1,50%. Para las comisiones de estudio, si son avales financieros, entre el 0,5% y el 0,75%, y para técnicos, entre el 0,25% y el 0,75%.

 

¿Por qué acuden las compañías a las SGR?

Las empresas acuden a las SGR por varias razones. En el caso de Aloha 24, una startup española de reparto de comida a domicilio, necesitaban un aval para bloquear los fondos que habían recibido de Idepa (Instituto de Desarrollo Económico del Principado de Asturias) para desarrollar un proyecto tecnológico.

“Asturgar [la sociedad de garantía asturiana] nos facilitó todo el proceso, asesorándonos de una manera mucho más familiar que la entidad bancaria”, explica Manuel Caramés, socio fundador de Aloha 24. “Además, las SGR son una oportunidad de relacionarte con otros empresarios, dando lugar a colaboraciones entre distintas organizaciones”, agrega Caramés.

En cambio, Inever, empresa de fabricación de máquinas de envasado, necesitó de la ayuda de Avalis (la SGR de Cataluña) para conseguir financiación para el desarrollo de un prototipo para el sector farmacéutico. “Nuestro compromiso con el mercado nos obligaba a seguir adelante y a ofrecer mejores soluciones. Los bancos estaban bastante paralizados y otorgaban pocos créditos, y los que daban los emitían con mucha lentitud. Además de agilidad en el proceso, Avalis nos ofreció mejores condiciones financieras”, afirma Laura García, directora de marketing y comunicación de la compañía.

 

 


Fuente: www.cincodias.com